| Leo
con estupor la tribuna de Avelino Alonso
titulada «Los mansos», en LA
NUEVA ESPAÑA, en la que el autor
muestra su extrañeza ante la existencia
de la izquierda federalista. Por lo que
se ve, para el estupefacto Alonso la izquierda
siempre fue jacobina, y ahora, por genial
descubrimiento de Gaspar Llamazares, resulta
que no es tal, sino federalista.
En realidad, más
estupefacto quedó quien esto escribe
siendo Avelino Alonso director de un Ateneo
-el de La Calzada- en una ciudad, Xixón,
de profunda tradición federalista.
Y es que, aunque algunos no quieran darse
cuenta o finjan no hacerlo, la primera izquierda
que hubo en Asturies -y en España-
fue la federal, nacida como reacción
democrática al centralismo y al elitismo
liberal. Republicanos federales fueron los
que gobernaron en Xixón, Asturies
y España durante la brevísima
I República. Fueron el primer partido
de la izquierda asturiana durante el último
cuarto del siglo XIX y una fuerza considerable
durante el primer tercio del XX. Fueron
los primeros en organizar a los obreros
como tales (¿no resulta llamativo
que el director de un ateneo xixonés
ignore que la decana de las instituciones
culturales de la ciudad, el Ateneo Obrero,
fuera fundado por los federales?). Fueron
los únicos, junto a los socialistas,
en oponerse a la injusta y desastrosa guerra
de Cuba. Fueron los primeros en vindicar
en nuestra tierra la Comuna de París
(revolución obrera... y federalista).
El federalismo como modelo
político no sólo fue bandera
de los republicanos federales, sino que
fue imitado en mayor o menor medida por
buena parte de las restantes izquierdas
asturianas. Así, a finales del siglo
XIX las izquierdas tradicionalmente centralistas
se sumaban a la iniciativa federalista de
redactar una Constitución asturiana
abiertamente federalizante, que incluía,
aparte de la plena soberanía fiscal
(ríase usted del Estatut), la entrega
a las asociaciones obreras de las tierras
incultas y las minas. ¿Serían
unos liberal-conservadores disfrazados?
El PSOE pasó a partir de 1918 a defender
-sin mucho entusiasmo, eso sí- un
modelo federal. Lo mismo haría el
PCE tras su fundación, inspirado
en el modelo soviético (¿O
no recordamos que la URSS era una federación
de repúblicas?). En 1919 el Ayuntamiento
de Mieres, a iniciativa de su alcalde, el
histórico socialista Manuel Llaneza,
elaboraba unas «Bases para la autonomía
de Asturias» de claro contenido federalizante,
incluyendo otra vez la soberanía
fiscal (quién lo diría, viendo
la actual FSA). En 1931, cuando se proclama
la II República, la bandera que ondea
en el Ayuntamiento de Xixón es...
la republicana federal (de cinco colores
y no de tres, como la que sería bandera
oficial), y once concejales de la nueva
Corporación eran republicanos federales.
Ese mismo año saldrían elegidos
por Asturies tres diputados federalistas,
uno por la Conjunción Republicano
Socialista y otros dos en la candidatura
de izquierda radical de federales y sindicalistas
agrarios, que contó con el apoyo
de la CNT. Entre esos diputados electos
estaba Eduardo Barriobero, abogado, cenetista
y presidente del Partido Republicano Federal
desde 1936 hasta su fusilamiento por las
tropas franquistas en Barcelona, en 1939.
Por último, el alcalde de Xixón
durante la guerra civil sería Avelino
González Mallada, de CNT y federalista,
vertiente libertaria. ¿Serían
todos ellos reaccionarios?
Guste o no, las izquierdas
asturianas del siglo XIX y buena parte del
XX fueron federalistas, porque asociaban
la federación con la democracia,
con el poder de abajo hacia arriba, con
la participación popular. ¿Será
eso reaccionario? ¿Lo será
entender que un Estado debe existir por
la libre unión de sus habitantes?
Cuando murió Franco,
toda la izquierda, desde el PSOE a la más
radical, reivindicaba la República
federal. Después, como otras tantas
promesas, se contentó con este unitarismo
descentralizado que consagra la Constitución
de 1978 y que es fuente de agravios y discriminaciones.
Asociar centralismo con solidaridad es un
absurdo: el franquismo era centralismo en
estado puro y era fuente de profundas discriminaciones
y desequilibrios sociales y territoriales.
Parece que actualmente
vuelve a estar de moda el federalismo. Hasta
el presidente Areces dice serlo, aunque
su práctica desmienta radicalmente
esa afirmación, como tantas otras.
Lo mismo pasa con el resto de la izquierda
plural que nos gobierna, que aparca el federalismo
cuando está en juego detentar un
par de consejerías. Sin embargo,
la misma necesidad de vestirse con el ropaje
federal da una idea de que no es una idea
ni exótica ni pasajera en la tradición
de izquierda.
Es legítimo presentarse
como de izquierdas (serlo es otro cantar)
y defender el centralismo (incorrectamente
entendido como sinónimo de jacobinismo),
pero resulta absurdo presentar eso como
la única forma posible de ser de
izquierdas: básicamente, porque implica
desterrar de ese concepto a la inmensa mayoría
de las izquierdas que en este país
han sido. Los que hoy en día seguimos
siendo, entre otras cosas, seguidores de
Pi y Margall sabemos que no estamos inventando
nada, sino únicamente poniendo al
día lo que la primera izquierda asturiana
tuvo el buen sentido de ser: federalista.
Faustino Zapico Álvarez es historiador
y miembro de la dirección nacional
de Izquierda Asturiana (IAS).
Artículu
publicáu en La Nueva España
el 24 de enero de 2006
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