¿Quién se acuerda del 25 de mayo?
3/6/2006


El pasado jueves 25 de mayo se cumplió, sin pena ni gloria como todos los años, el 198 aniversario de uno de los acontecimientos más sobresalientes de la Historia asturiana: la proclamación de soberanía de la Junta General del Principado acompañada de la declaración de guerra a la Francia napoleónica. Estos acontecimientos, que suponen el inicio de la Historia contemporánea asturiana -porque marcan el principio del fin del Antiguo Régimen y la irrupción de las masas populares en la política- y que tuvieron enorme trascendencia en su momento, pasan hoy desapercibidos para la inmensa mayoría de la población incluida la clase política representada en una Junta General que no tiene ni de lejos ni las atribuciones ni la altura de miras que tuvieron los diputados de aquella de mayo de 1808. Únicamente algunas organizaciones cívicas e Izquierda Asturiana (IAS) apostamos por mantener viva la llama de la memoria histórica.

Vale la pena repasar los hechos. El 9 de mayo de 1808 llegan a Asturies las primeras noticias de la masacre del 2 de mayo en Madrid, donde las tropas napoleónicas reprimen con salvajismo la sublevación del pueblo de Madrid. Ese mismo día estalla un motín popular en Uviéu encabezado por mujeres y estudiantes que lleva a la Junta General (quiso la feliz casualidad histórica que ese mes fuera su período de sesiones) a celebrar una reunión ampliada a otros sectores sociales (cabildo catedralicio, Universidad y gremios artesanos) que decidió no reconocer a otro rey que a Fernando VII e iniciar los preparativos bélicos. El 13 de mayo la mayoría de los diputados, que habían tomado la decisión de rebelarse bajo presión popular, dan marcha atrás y revocan los acuerdos. Una minoría de diputados, encabezada por el recién elegido Procurador General, Álvaro Flórez Estrada, inicia la conspiración. La noche del 24 al 25 de mayo los rebeldes, apoyados por los militares y obreros de la fábrica de armas, toman la Real Audiencia, representante del gobierno central, y obligan a su presidente a convocar una sesión extraordinaria de la Junta, convocando solamente a los quince diputados partidarios de la guerra. Al mismo tiempo, casi 3.000 campesinos armados provenientes de los concejos vecinos toman la capital. La mañana del 25 de mayo, la Junta General se proclamaba soberana, declaraba la guerra a Francia, nombraba embajadores en Inglaterra para solicitar ayuda militar e iniciaba la formación del Exército Defensivo Asturiano.

Si esos sucesos llegan a pasar en alguna de las llamadas “nacionalidades históricas” no podemos ni imaginarnos lo pesada que se pondría tanto la clase política de esas comunidades como la nuestra, la asturiana, tan dispuesta a reconocer las “realidades nacionales” ajenas como reacia a aceptar la. Si debe haber un día de Asturies, entendido como jornada de celebración de la identidad colectiva, no hay duda que el 25 de mayo es mucho más propicio que el 8 de septiembre, que es estrictamente una festividad religiosa (el día de la Virgen de Covadonga, y no el aniversario de la batalla del mismo nombre, del que desconocemos la fecha exacta).

Y es que el 25 de mayo es un acontecimiento poliédrico, susceptible de numerosas interpretaciones, y precisamente por ello lo más indicado para convertirse en jornada colectiva de Asturies. Todas las corrientes políticas presentes hoy en la sociedad asturiana tienen motivos para verse reflejadas en las jornadas de mayo: la derecha conservadora puede ver la sublevación popular en defensa de la religión y el rey legítimo; los liberales pueden considerarla como el primer clavo en el ataúd del Antiguo Régimen, por el carácter revolucionario burgués de sus dirigentes y las medidas que adoptaron; desde la izquierda vemos la irrupción de las masas populares en la vida política, pero lo que nadie podrá negar -y es lo que reivindicamos desde la izquierda asturianista- es la realidad incostestable de que esto constituye el primer acto de autodeterminación del pueblo asturiano: el 25 de mayo Asturies se declaró soberana, no para constituir un estado independiente, sino para proclamar que no admitía el dominio francés y sí el de Fernando VII. Que el esfuerzo era digno de mejor causa es evidente (Fernando VII fue posiblemente el rey más estúpido, cruel y miserable de la Historia española, y eso que hay un amplio catálogo para elegir) pero no por ello hay que restar importancia al hecho en sí: El 25 de mayo supuso un proceso de autodeterminación colectiva basada en un profundo sentimiento identitario, ejemplificado en la creación de la bandera asturiana y la propia denominación del ejército.

Resulta curioso que Asturies entrara en la época contemporánea dueña de su destino y que décadas después quedara subsumida en el Estado centralista y uniformizador que construyó el liberalismo moderado, pero resulta indignante que la clase política asturiana siga empeñada en profundizar ese modelo que únicamente trajo dependencia y sucursalismo, en vez de apostar por el autogobierno como herramienta de democracia, justicia social y autoreconocimiento colectivo del pueblo asturiano. Asturies necesita reconocerse a sí misma, no por mimetismo hacia otros pueblos, sino porque es condición indispensable para iniciar un proceso de regeneración política, cultural y económica del que salga un país más justo y solidario que no obligue a lo mejor de su juventud a convertirse en leyendas urbanas. En la Historia asturiana tenemos numerosos ejemplos de que cuando este pueblo estuvo unido y consciente de sí y de su fuerza, fue capaz de tomar el cielo por asalto. Recordémoslo, celebrémoslo, no por nostalgia de lo que fuimos, sino para saber lo que podemos ser: únicos dueños de nuestro futuro.

Faustino Zapico Álvarez ye Historiador y miembru de la Dirección Nacional d’Izquierda Asturiana (IAS)

Artículu publicáu en La Nueva España
el 3 de junio de 2006


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